Bolivia no necesita otro salvador, necesita conciencia
Arian Richard Rivas Lima
Redacción II "A"
¿Qué está realmente en juego cuando vamos a votar? Algunos creen que es solo una papeleta, una obligación para evitar una multa más. Pero en realidad, cada elección presidencial en Bolivia marca una línea entre lo que fuimos y lo que podríamos ser en el futuro. Este año no es la excepción. Aunque parezca que todo sigue igual, hay una pregunta que no deja de arder en la conciencia colectiva: ¿seguiremos votando por los mismos discursos de siempre o por fin vamos a despertar?
En su momento, Chi Hyun Chung fue uno de los nombres que aparecía como opción para las elecciones. Pero seamos sinceros: una persona tan alejada de nuestra realidad boliviana jamás debería gobernar este país. ¿Qué puede saber alguien así de lo que vive una señora que vende verduras a las cinco de la mañana? No se trata de discriminar, se trata de sentido común. Un extranjero, por más años que lleve aquí, no entiende lo que es ser boliviano de verdad. Y aunque ahora esté fuera de la contienda, el simple hecho de que haya sido considerado demuestra lo perdidos que estamos como país.
Este año los bolivianos tenemos que decidir si queremos salvar a Bolivia o verla desaparecer. No hay términos medios. El voto que emitamos será una declaración directa: o estamos con los que aman a este país y quieren verlo renacer, o con los que solo quieren llenarse los bolsillos. Así de simple. El que no vote por el cambio, es parte del problema actual. Y no vale decir “yo no me meto en política”. Porque si no decides tú, deciden por ti. Y ahí no hay a quién reclamarle después.
Algunos dicen que el problema es quiénes se llegan a postular, pero no: el verdadero problema es cómo llegamos a normalizar candidaturas que rayan en lo absurdo. Se repiten rostros, se reciclan discursos, se nos promete el cielo mientras el país arde en crisis. Y, en medio de todo eso, la ciudadanía termina anestesiada, votando sin esperanza o absteniéndose con resignación. Pero la verdad incómoda es que nadie vendrá a salvarnos si no empezamos a tomarnos en serio este proceso. El voto no puede seguir siendo un gesto automático; tiene que ser una forma de resistencia y de conciencia.
Decidir no es fácil, lo sabemos. Pero decidir mal puede costarnos el futuro. Porque en cada elección estamos tejiendo el país que heredarán los que vienen después. Votar no es solo elegir un nombre en una papeleta; es afirmar qué valores defendemos, qué historia queremos contar y qué errores no estamos dispuestos a repetir. Por eso, aunque muchos quieran enterrar a Bolivia bajo discursos de odio o falsas promesas, el país aún puede respirar. Y mientras lo haga, tenemos el deber de luchar por un futuro que valga la pena. Un futuro donde votar no sea solo un derecho, sino una forma de honrar lo que somos y lo que podemos llegar a ser.
Arian, escribiste: Pero en realidad, cada elección presidencial en Bolivia marca una línea entre lo que fuimos y lo que podríamos ser en el futuro.
ResponderBorrarMejor: En realidad, cada elección presidencial en Bolivia marca una línea entre lo que fuimos y lo que podríamos ser en el futuro.
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