¿Cuándo alguien se convierte en una mala persona?

Arian Richard Rivas Lima

Redacción II "A"

Uno no se convierte en una mala persona al instante. A veces, este cambio es tan lento que ni siquiera se llega a notar: es como una habitación que se va oscureciendo poco a poco, hasta que de pronto uno se da cuenta de que ya no puede ver con claridad. Pensar en cuándo alguien cruza esta línea entre el bien y el mal me llevó a una pregunta que, aunque parece sencilla, no lo es: ¿en qué momento dejamos de ser buenas personas? La respuesta es subjetiva, porque todo depende del cristal con el que se mire. Lo que para unos es condenable, para otros puede ser incluso necesario. Pero esto va más allá de las diferencias culturales, hay algo que parece constante: alguien deja de ser bueno cuando empieza a desconectarse del dolor ajeno. Cuando el daño que causa ya no le duele, ni siquiera le importa un poco.

Y eso es lo más peligroso: cuando el impacto deja de importar, cuando el daño se justifica tantas veces que deja de sentirse. No me refiero a equivocarse una vez. Todos fallamos, todos hemos herido a alguien sin intención en algún momento. Pero cuando una persona comienza a actuar sin importarle las consecuencias en otros, y lo hace con frecuencia, hay algo más profundo ocurriendo. Una especie de abandono de la empatía. La conciencia deja de ser una guía y se convierte en una molestia. Y ahí es donde empieza el deterioro moral de una persona. Porque el problema no está en cometer errores, sino en repetirlos sabiendo que lastiman y no hacer nada para cambiarlos. Poco a poco, lo que antes nos habría hecho sentir culpa se vuelve costumbre.

A lo largo de esta reflexión, entendí que muchas veces las personas justifican sus acciones con una idea de que si algo se hace por un “bien mayor”, entonces se vuelve aceptable. Esto es un recurso común, casi automático en las personas. Alguien que le grita a su familia podría pensar que lo hace por su bien, o quien miente podría decir que es para evitar un problema. Así empieza el autoengaño. Nos repetimos que somos buenas personas porque nuestras intenciones son nobles, aunque nuestras acciones digan y causen todo lo contrario. En este punto, no solo nos estamos justificando frente a los demás, también nos estamos convenciendo a nosotros mismos de vivir esa realidad.

Alguien podría decir que nadie es completamente bueno o malo, y que todos merecemos la oportunidad de cambiar. Y si, es verdad. La moral no es algo fijo, se moldea con las experiencias y con el paso del tiempo. Pero eso no significa justificarlo todo. Caer en errores no nos hace malas personas, lo que sí puede hacerlo es dejar de cuestionarnos, dejar de sentir cuando lastimamos a los demás. Porque cuando el daño se vuelve rutina y dejamos de hacernos cargo de nuestros actos, el problema ya no es el error, sino la indiferencia con la que lo repetimos en nuestro día a día.

No hay una alerta que diga “desde aquí, ya no eres buena persona”. Pero sí hay señales que podemos notar: cuando mentir ya se vuelve un hábito, cuando el dolor del otro nos deja indiferentes, cuando empezamos a poner nuestras necesidades por encima del respeto a los demás como si fuera lo más natural. Nos repetimos que seguimos siendo los mismos, cuando en realidad ya empezamos a cruzar esa línea borrosa entre el descuido y la crueldad. Ser buena persona no es un estado permanente, es una decisión que se renueva a diario. Y si dejamos de tomarla, el problema no es solo lo que hacemos, sino en lo que nos estamos convirtiendo. Porque con cada acción, también vamos moldeando el tipo de ser humano que elegimos ser.

Comentarios

  1. Arian, escribiste: La respuesta es subjetiva, porque todo depende del cristal con el que se mire.

    Mejor: La respuesta es subjetiva porque todo depende del cristal con el que se mire.

    Evita escribir coma antes de la conjunción "porque".

    9 sobre 10.

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