Entre propuestas y falacias: lo que callan las elecciones

Arian Richard Rivas Lima

Redacción II "A"

Las elecciones presidenciales de este año han despertado nuevamente las pasiones políticas en Bolivia. En este escenario electoral tan tenso, seguimos siendo testigos de discursos cargados de promesas, cifras y verdades a medias. La entrevista realizada a Jorge Tuto Quiroga por Radio Fides Bolivia abordó sus propuestas sobre seguridad y justicia, pero también dejó en evidencia el uso de varias falacias que, lejos de aportar claridad, enturbian el debate y manipulan la percepción ciudadana. Este artículo se propone analizar tres de esas falacias dentro del tema de seguridad y reflexionar sobre el valor de un voto consciente en tiempos de confusión.

Durante la entrevista, Quiroga afirmó: “Hoy, tristemente lo que vemos es que creo que es más fácil o más breve la lista de jefes antinarcóticos de Evo Morales que no están presos que los que sí están". Aunque la crítica al manejo del narcotráfico es válida, aquí se recurre a una falacia ad hominem. En vez de debatir con hechos sobre los planes actuales, descalifica indirectamente la gestión anterior, utilizando los errores de personas cercanas a Evo como argumento en contra del propio Morales. El problema es que desviar la atención hacia personas y no hacia ideas o planes reproduce una lógica de ataque más que de propuestas.

Luego, encontramos una falacia de causa falsa, cuando se asocia un efecto a una causa no demostrada. Al hablar sobre el crecimiento del narcotráfico, dijo: “Con la ley 906 de marzo de 2017 se sube la superficie de yungas de 12,000 a 14,000 y se da 7.700 hectáreas que en un mal año son más de 100 toneladas de cocaína que se están produciendo. Y nos preguntamos por qué de marzo 2017 empiezan a llover aquí PCCs y criminales”. Aquí insinúa que por esa ley ingresaron organizaciones criminales al país, sin presentar pruebas concluyentes. El narcotráfico es un problema estructural y regional, con múltiples causas; reducirlo a una ley específica simplifica a un fenómeno mucho más complejo.

También se percibe una falacia de apelación a la emoción, cuando se recurre a sentimientos intensos para provocar una reacción, en lugar de usar argumentos sólidos. Al referirse a las cárceles bolivianas, Tuto señaló: “Las cárceles en Bolivia son como country clubs donde tienen fulbito, parrillada, serenata y la pasan ahí hasta se tienen hasta fiestitas”. Esta descripción exagerada no busca informar, sino provocar indignación en la audiencia. Al caricaturizar una realidad compleja como el sistema penitenciario, se reemplaza el análisis por la provocación, generando rabia más que reflexión. El problema es real, pero presentarlo de forma sarcástica desinforma más de lo que aclara.

Algunos podrían pensar que usar este tipo de frases o exageraciones es parte natural del discurso político, que así se “conecta con la gente”. Pero en realidad, normalizar estas falacias debilita el debate democrático. Si permitimos que los candidatos sustituyan la argumentación por recursos manipulativos, entonces la ciudadanía queda atrapada en una política de espectáculo y no de ideas. Criticar a otros sin sustento o crear enemigos imaginarios no mejora la calidad del voto; al contrario, lo empobrece.

Decidir a quién dar nuestro voto debería ser un acto de responsabilidad, no de reacción. Un país no se construye con falacias, se construye con verdad, con propuestas serias y con respeto por la inteligencia del votante. Las elecciones no solo definen un gobierno; también reflejan el nivel de conciencia de una sociedad. Y mientras permitamos que se nos convenza con trampas lógicas y discursos vacíos, seguiremos condenados a elegir entre espejismos. Hoy más que nunca, pensar antes de votar es un acto de defensa propia.


Entrevista:

https://www.youtube.com/watch?v=qFSDYeY6Jwg&t



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