Un año de palabras y aprendizajes
Arian Richard Rivas Lima
Redacción II "A"
Cuando empezó la materia de Redacción II, no imaginaba que terminaría escribiendo artículos que reflejaran no solo lo que aprendía en clase, sino también mis formas de ver el mundo. Al inicio, me costaba encontrar la voz con la que quería expresarme. Dudaba entre sonar demasiado formal o demasiado coloquial, como si cada palabra estuviera en un terreno inseguro. Sin embargo, cada explicación y cada corrección del licenciado fueron guiando mi propio camino, y pronto descubrí que escribir un artículo de opinión no era solo una tarea académica más, sino una manera de ordenar mis ideas y darles vida propia. Con cada artículo entregado fui comprendiendo que la escritura no se limita al aula, sino que se convierte en una herramienta para dialogar con la realidad y, de algún modo, dejar huella en ella.
De ese proceso lo más valioso fue descubrir que escribir no es solo juntar palabras, sino elegir argumentos que den peso a lo que pensamos. Aprendí a distinguir entre un argumento de autoridad y uno de causa y consecuencia, a reconocer cuándo una idea se sostenía en hechos comprobados. También comprendí cómo los sesgos que condicionan nuestra forma de interpretar la información y las falacias que muchas veces usamos sin darnos cuenta. Al identificar estos errores, la escritura dejó de ser un simple ejercicio de estilo y se convirtió en una forma de pensar con más rigor. Creo que ese fue el verdadero aporte de la materia: enseñarnos que la claridad y la honestidad intelectual son tan importantes como la creatividad.
Esa utilidad se reforzó con la forma de enseñar del licenciado. Apenas aprendíamos un concepto, teníamos que aplicarlo en un ejercicio real, corregirlo y volver a intentarlo. Esa dinámica práctica no solo hacía la clase más interesante, también nos obligaba a equivocarnos y mejorar en el mismo instante. Era una manera de aprender que no dejaba espacio para la pasividad: siempre había que pensar, actuar y revisar. Así, lo que parecía abstracto se volvía cercano, y lo que parecía difícil encontraba un lugar en nuestra manera de escribir. A la larga, entendí que ese método no solo nos entrenaba para redactar mejor, sino también para asumir la escritura como un proceso vivo, donde cada error es una oportunidad y cada avance, por pequeño que sea, cuenta como una victoria.
Hubo un aspecto que me generó dudas. En más de una ocasión sentí que redactar siempre con frases simples podía limitar mi estilo personal. Yo quería arriesgarme con estructuras más largas o con un tono más poético, y la exigencia de la sencillez me parecía un obstáculo. Sin embargo, con el tiempo entendí que lo simple puede transmitir tanta fuerza como lo complejo si se usa con honestidad. Aprendí que no se trata de escribir poco ni de adornar mucho, sino de encontrar el equilibrio entre la belleza del lenguaje y la transparencia del mensaje. Al final, lo que importa no es impresionar con palabras rebuscadas, sino lograr que lo escrito llegue al lector y lo haga pensar, aunque sea por un instante..
Todo eso fue lo que busqué transmitir desde mi blog El Otro Algoritmo. Allí encontré un espacio para experimentar, escribir sobre tendencias y reflexionar con un estilo propio, pero siempre sosteniéndome en lo que aprendimos en clase. Ahora que el año termina, siento que Redacción II no fue solo una materia, sino una invitación a pensar mejor, a expresarme con mayor conciencia y a valorar la importancia de cada palabra. Evaluando al docente, puedo decir que supo guiarnos con claridad y paciencia. Evaluándome a mí, aún tengo un reto pendiente: seguir escribiendo con frecuencia y mantener vivo el hábito de cuestionar lo que pienso antes de ponerlo en el papel.
Arian,
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